La frecuencia cardiaca

11Jun. 07

La frecuencia cardiaca es el número de latidos por minuto. Y está considerado por los expertos como un marcador de riesgo cardiovascular que determina la esperanza de vida. Así pues, cuanto mayor es la frecuencia cardiaca, menor es la expectativa de vida.

La frecuencia cardiaca disminuye desde el primer mes de edad hasta la edad adulta manteniéndose estable después de los 20 años. Tiene gran variabilidad entre individuos y en el mismo individuo. Y la frecuencia normal en reposo oscila entre 60 y 120 pulsaciones por minuto.

Así pues, las personas que presentan en reposo un índice de pulsaciones por minuto por encima de 75 tienen un riesgo relativo de enfermedad coronaria o muerte súbita por infarto de miocardio, a diferencia de las que tiene su frecuencia habitual por debajo de 60, comentó el Dr. CruzFernández, Jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Virgen Macarena (Sevilla) y ex-Presidente de la Sociedad Española de Cardiología, en referencia al estudio Jouven, publicado en el New England Journal of Medicine.

Además, se ha demostrado que una elevada frecuencia es un factor de riesgo cardiovascular en diferentes poblaciones: pacientes hipertensos, con insuficiencia cardiaca, post-infarto, con enfermedad coronaria y angina estable, e incluso, en población sana.

Por tanto, «los pacientes que sufren enfermedad cardiaca y una frecuencia elevada también tienen peor pronóstico que los que presentan el mismo grado de enfermedad pero un índice menor de pulsaciones por minuto», señaló.

La frecuencia cardiaca es un importante factor de riesgo cardiovascular independiente y su reducción es fundamental para prolongar la esperanza de vida del paciente con angina de pecho estable. Numerosos estudios epidemiológicos subrayan la relación inversamente proporcional entre la frecuencia cardiaca y la expectativa de vida. Es decir, cuanto mayor es la frecuencia cardiaca, menor es la expectativa de vida. Así lo pusieron de manifiesto los doctores José María Cruz Fernández y Lorenzo López Bescós, Jefe de Servicio de Cardiología Fundación Hospital de Alcorcón (Madrid), en el curso La frecuencia cardiaca: un importante factor de riesgo cardiovascular, celebrado recientemente en Pontevedra.

Por su parte, el doctor Lorenzo López Bescós también resaltó durante su ponencia la importancia de la frecuencia cardiaca en relación con la expectativa de vida.

«Desde un punto de vista teleológico y remontándonos a la escala animal, encontramos que los mamíferos que presentan mayor numero de pulsaciones por minuto -frecuencia cardiaca alta- tienen una expectativa de vida corta. Por ejemplo, el ratón o el hámster, que tiene frecuencias de 500 a 600 latidos minuto, no viven mas de uno o dos años. En cambio, los animales longevos tienen una frecuencia cardiaca baja, como ocurre en el caso de la ballena o elefante, que tienen entre 20 y 30 Ipm», explicó el Doctor López Bescós.

«En el caso del hombre -añadió- se ha estudiado la relación entre la frecuencia cardiaca y la expectativa de vida en grupos de población general en Francia, Italia y Canadá». En todos los casos, la expectativa de vida está inversamente relacionada con la frecuencia cardiaca. Dicha relación se mantiene en grupos de enfermos que padecen diversas patologías: hipertensión arterial, Insuficiencia cardiaca, o cardiopatía isquémica. En este sentido, Lorenzo López Bescós añadió que «en el sector poblacional de la tercera edad, las personas que presentan frecuencias cardiacas más lentas sobreviven mas tiempo».

La cardiopatía isquémica y la frecuencia cardiaca

La cardiopatía isquémica es una enfermedad producida por la incapacidad de las arterias coronarias de transportar la cantidad necesaria de oxígeno al músculo cardiaco, lo que dificulta su funcionamiento.

Dentro de las enfermedades cardiovasculares, la patología coronaria es la que ocasiona el mayor número de fallecimientos. Según se recoge en el Plan Nacional de Cardiopatía Isquémica 2004-2007 del Ministerio de Sanidad y Consumo, el 31 por ciento de los fallecimientos por enfermedad cardiovascular son por cardiopatía isquémica.

Según resaltó el Doctor López Bescós, «en España se contabilizan anualmente, aproximadamente, 72.000 casos de infarto de miocardio, que es la consecuencia mas grave de la enfermedad de las arterias coronarias». Estos enfermos presentan una mortalidad extrahospitalaria superior al 20 por ciento y una mortalidad hospitalaria menor del 10 por ciento. Sin embargo, la manifestación más prevalente de la cardiopatía isquémica es la angina de pecho estable que, en España, afecta a alrededor de 1.600.000 personas.

La angina de pecho estable aparece cuando aumenta el trabajo del corazón y siempre que se incrementa la frecuencia del pulso por encima de un determinado nivel. Actualmente, «el tratamiento estándar de la angina de pecho, además del control de los factores de riesgo, incluye el empleo de betabloqueantes, para reducir la frecuencia cardiaca, tanto en reposo como en situaciones de esfuerzo», destacó.

En el 16 por ciento de estos pacientes no es posible controlar de manera totalmente eficaz la frecuencia cardiaca con los tratamientos habituales. Esto se debe a que estas personas presentan además de la cardiopatía isquemica, otro tipo de patologías como arteriopatía periférica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o intolerancia a los betabloqueantes.

Hasta el momento, estos pacientes habían sido tratados con calcioantagonistas no dihidropiridínicos, que son menos eficaces en la reducción de la frecuencia cardiaca y que, además, presentan también contraindicaciones debido a que no actúan específicamente a nivel cardiaco.