Las alteraciones de la microbiota en la EII podrían utilizarse como biomarcadores para el diagnóstico o como factor predictivo. Te lo contamos aquí.
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Microbiota TVLas alteraciones de la microbiota en la EII podrían utilizarse como biomarcadores para el diagnóstico o como factor predictivo. Te lo contamos aquí.
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una condición crónica e inflamatoria de origen multifactorial y curso impredecible. Se caracteriza por brotes con síntomas como dolor, sangrado rectal, fiebre y pérdida de peso.
Existen dos principales enfermedades dentro de la EII:
Colitis ulcerosa: afecta exclusivamente al intestino grueso.
Enfermedad de Crohn: tiene una afectación transmural, frecuentemente en el íleon y colon.
Aunque la incidencia de la EII varía según la geografía, es más común en regiones con un gradiente norte-sur elevado, aunque en Asia se observa un aumento significativo. Generalmente, el diagnóstico ocurre entre los 20 y los 40 años, pero también se ha detectado un incremento en niños menores de 10 años.
El origen de la EII es multifactorial. Si bien existe una predisposición genética, factores ambientales como la higiene, el tipo de parto, el tabaco, la dieta y el estrés también desempeñan un papel clave.
Además, la microbiota intestinal está cobrando mayor relevancia como posible desencadenante, debido a su papel en la homeostasis entre los antígenos bacterianos y el sistema inmune.
El diagnóstico de la EII no cuenta con un método estándar, pero se basa en la combinación de historia clínica, biomarcadores (como la calprotectina fecal), estudios endoscópicos, radiológicos y análisis histológico.
El análisis de la flora fecal está ganando importancia, ya que diferencias en la microbiota podrían ayudar a distinguir entre colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn y pacientes sin EII.
El tratamiento de la EII busca la curación de la mucosa y la reconstitución de la barrera epitelial. Incluye:
Medicamentos: corticoides, antiinflamatorios y anticuerpos.
Cirugía: indicada en casos graves.
Recientemente, se han introducido terapias basadas en la modificación de la microbiota, como:
Dieta personalizada.
Administración de prebióticos y probióticos.
Antibióticos.
Trasplante fecal: con tasas de mejoría del 73 % en pacientes con enfermedad de Crohn y 62 % en colitis ulcerosa.
Las alteraciones de la microbiota en la EII podrían utilizarse como biomarcadores para el diagnóstico, la predicción de la evolución de la enfermedad o la respuesta al tratamiento.
La investigación continua en este campo abre nuevas posibilidades para abordar esta compleja condición de manera más eficaz.
que es la enfermedad inflamatoria intestinal, pues es una condición inflamatoria, como el propio nombre indica crónica y heterogénea de teología desconocida y curso impredecible, cuyos brotes se caracterizan fundamentalmente por la presencia de dolor, sangrado rectal, fiebre y pérdida de peso. La enfermedad inflamatoria intestinal se divide a su vez en dos entidades la colitis ulcerosa, que afecta de forma selectiva al intestino grueso, y la enfermedad de Crohn, que tiene afectación trans mural, siendo más frecuente en la afección de ilion y colon. En cuanto a la epidemiología, a pesar de que existen variaciones sustanciales en su incidencia según diferentes áreas geográficas, siendo el gradiente norte sur aquel en el que se describe mayor incidencia de esta enfermedad, se está observando un incremento en Asia. Asimismo, a pesar de que puede debutar a cualquier edad, en la mayoría de los casos se diagnostica entre la segunda y la cuarta década de la vida. Sin embargo, se ha observado un incremento de su incidencia en idea pediátrica en niños menores de diez años. Y por qué ocurre esta inflamación? Como he comentado previamente, su origen es multifactorial. Si bien existe una predisposición genética, hay factores ambientales que también pueden actuar como desencadenantes del proceso, tales como la higiene, el tipo de parto, el tabaco, la dieta, el estrés, etc. Pero uno de los factores que más se está estudiando actualmente es la composición de la microbiota intestinal y el biofilm que forman las bacterias, que parece tener cada vez un papel más relevante, ya que la mayor parte de nuestras bacterias comensales se encuentran en el intestino grueso, llegando a cien mil millones. Cuando la composición de la microbiota se ve alterada y se desequilibra la distribución de bacterias. Esto puede hacer perder la homeostasis entre los antígenos bacterianos y el sistema inmune. Sin embargo, aún se sigue investigando si esta disbiosis es más la causa o el efecto y cómo se diagnostica la enfermedad inflamatoria intestinal. A pesar de que no hay un gol estándar, la sospecha está basada en un conjunto de valor que incluye la historia clínica, los biomarcadores como la proteccion fecal, los hallazgos endoscópicos y radiológicos y la histología. Recientemente, tal y como he descrito previamente, la importancia de la MICROBIOTA en la patogénesis de este proceso inflamatorio puede ser clave y, por tanto, se está empezando a incluir el análisis de la flora fecal como parte del diagnóstico. De hecho, ya se sabe que la distribución de bacterias en la mucosa es diferente según muestras de pacientes sanos con colitis ulcerosa o con enfermedad de CRO. En concreto, parece que la bacteria Clodio es difícil e interactúa con el biofilm de las bacterias intestinales, y el análisis del microbioma podría ayudar a distinguir situaciones clínicamente difíciles de filia. En cuanto al tratamiento, éste se basa en la curación de la mucosa con la reconstitución de la barrera del epitelio intestinal mediante el uso de corticoides, antiinflamatorios y anticuerpos. En determinados casos, se debe considerar la cirugía como una opción terapéutica. No obstante, volviendo de nuevo a la microbiota, se están utilizando recientemente otras alternativas con el objetivo de modificar y reconstruir la población bacteriana intestinal mediante dieta, administración de prebióticos y probióticos a antibióticos e incluso el trasplante fecal, el cual ha demostrado, a pesar de no existir demasiados estudios clínicos, una mejoría en el setenta y tres por ciento y sesenta y dos por ciento de pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, respectivamente. Por tanto, las alteraciones de la microbiota en la enfermedad inflamatoria intestinal podrían utilizarse como biomarcadores en el diagnóstico en la predicción de la evolución de la enfermedad o en la predicción de la respuesta al tratamiento.