Gentamicina: Usos, precauciones y administración del antibiótico
La gentamicina es un antibiótico de amplio espectro perteneciente a la familia de los aminoglucósidos. Es similar a la tobramicina y se utiliza para tratar una variedad de infecciones bacterianas.
Usos de la gentamicina:
La gentamicina es eficaz contra una amplia gama de bacterias Gram-negativas y algunas bacterias Gram-positivas. Se utiliza comúnmente para tratar:
Infecciones oculares: Conjuntivitis bacteriana, blefaritis, queratitis bacteriana.
Infecciones de la piel: Impétigo, foliculitis, celulitis.
Infecciones genitourinarias: Cistitis, pielonefritis.
Otras infecciones: Septicemia, meningitis, neumonía (en combinación con otros antibióticos).
Administración de la gentamicina:
La gentamicina se puede administrar de diferentes maneras, dependiendo del tipo de infección y la gravedad:
Vía tópica: En forma de gotas oftálmicas, ungüentos o cremas para tratar infecciones oculares y de la piel.
Vía intravenosa: Para infecciones sistémicas graves.
Vía intramuscular: En algunos casos, para infecciones menos graves.
Precauciones y efectos secundarios:
Es importante seguir las indicaciones del médico y no automedicarse con gentamicina. Como con todos los medicamentos, pueden ocurrir efectos secundarios, entre los que se incluyen:
Reacciones alérgicas: Erupciones cutáneas, picazón, hinchazón.
Toxicidad renal: La gentamicina puede dañar los riñones, especialmente en personas con problemas renales preexistentes.
Pérdida de audición: En casos raros, la gentamicina puede causar pérdida de audición.
Es fundamental seguir las indicaciones del médico o farmacéutico y completar el tratamiento completo de gentamicina, incluso si los síntomas mejoran antes.
Este artículo proporciona información general sobre la gentamicina y no debe utilizarse como sustituto del consejo médico profesional. Siempre consulte a su médico o farmacéutico para obtener asesoramiento médico específico.